.
- EL CIERZO DESDE EL PUENTE DE PIEDRA
- EL MÍSTICO PASADIZO DEL PILAR
- LAS DOS BOMBAS QUE NO EXPLOTARON
- EL MILAGRO DEL COJO DE CALANDA
- POZO DE SAN LÁZARO
- ARBOLEDA DE MACANAZ
- LA CALLE MÁS CORTA DE ZARAGOZA Y LA ÚNICA CALLE CUBIERTA
- PASAJE DEL CICLÓN (Junto a la Plaza del Pilar)

.
.
.
1.- El cierzo desde el puente de piedra
Quien no conoce el cierzo, es un viento frío y seco del noroeste que se forma al coexistir una borrasca en el Mediterráneo con un anticiclón en el Cantábrico. Se pasea por el valle del Ebro, que actúa como un canal natural apostado entre los Pirineos y el Sistema Ibérico. Sus rachas, que superan con frecuencia los 100 km/h.
Hay una disciplina científica que se conoce como Biometeorología, no hay demasiados estudios sobre la influencia del viento. Un ejemplo es un trabajo publicado por el equipo de Antoni Bulbena, catedrático de Psiquiatría en la Universidad Autónoma de Barcelona e investigador del Hospital del Mar. En él observaron cierta relación entre el viento de poniente y un aumento en las urgencias por crisis de pánico, pero ellos mismos reconocían que el estudio era débil y que se necesitarían mejores estudios para corroborarlo. Esos estudios no han llegado. Una de las hipótesis que se baraja sobre la influencia del viento en la salud mental es el de la ionización del aire, el aumento de partículas cargadas que podrían afectar negativamente al estado emocional. Sin embargo, una revisión de estudios del año 2013 concluyó que no había ninguna relación, ni positiva ni negativa, entre la ionización del aire y las medidas de ansiedad, humor, relajación, sueño o confort personal. Y aunque algún estudio ha relacionado los dolores de cabeza con las altas temperaturas, otros no han encontrado relación con ningún aspecto del tiempo.




.
.
.
2.- El místico pasadizo del Pilar
Esta práctica se realiza única y exclusivamente el día doce de octubre. El pasillo, no muy ancho se encuentra entre la puerta de la Capilla de San Judas y su paralela, que viene a dar a la Plaza del Pilar.

Se cree que, atravesándolo sin respirar y pidiendo unos deseos a la Pilarica, esta, los concede durante, al menos, un año, el tiempo necesario para poder volver otra vez a pasar por el mismo corredor. Es algo curioso de presenciar. Aunque el proceso se realiza de forma particular y salteada a lo largo de la jornada, el hecho de que riadas de personas fueran desfilando las veinticuatro horas por dicho camino debió intimidar al clero, que optó por el cierre del pasillo, levantando así una polémica que, como no podía ser de otra forma obligó, años más tarde a abrir las verjas, permitiendo el paso de los devotos de la virgen.
.
.
.
3.- Las dos bombas que no explotaron
Otra de las leyendas que tiene varias interpretaciones es esta.


Madrugada del 3 de agosto de 1936, cuatro bombas fueron lanzadas por un Fokker trimotor de las Líneas Aéreas Postales Españolas militarizado por la República, sobre la Basílica del Pilar. Una cayó en el río Ebro, otra sobre la plaza del Pilar y las otras dos dentro de la Basílica, atravesando el techo y cayendo en el suelo de la Basílica del Pilar.


Hay varias versiones sobre est hecho. Para el bando sublevado, y para gran parte de la población zaragozana, el hecho de que no explotaran se debió a un milagro de la Virgen. También hay quien dice que fue un acto de propaganda del bando franquista, que simuló un ataque republicano y descargó sobre la basílica varias bombas sin carga como una forma de propaganda anti-republicana.
El hecho de que no explotaran se pudo deber a un error técnico, a que las bombas estuvieran mal montadas, o que el material estuviera anticuado, ya que el bombardeo se produjo al inicio de la contienda. También hay quien afirma que se debió a un fallo humano (por inexperiencia, o porque el piloto no quería ser partícipe de la voladora del Pilar), ya que el avión que las lanzó volaba demasiado bajo (parece ser que las bombas estaban diseñadas para explotar si se lanzaban por encima de los 500 metros).
.
.
.
4.- El milagro del cojo de Calanda


Muchos son los prodigios atribuidos a la Virgen del Pilar pero el milagro del cojo de Calanda es particular por tratarse de algo tan insólito como la restitución de una pierna, un hecho sin parangón en el mundo, que fue interpretado como prueba de la resurrección de la carne… Y no obstante, hablamos del milagro mejor documentado de la historia del cristianismo, acontecido en la villa turolense de Calanda, durante el reinado de Felipe IV. Hoy dedicamos esta entrada a este fundamental acontecimiento.
El prodigio le aconteció a Miguel Juan Pellicer Blasco, quien, según los libros parroquiales, fue bautizado en Calanda el 25 de marzo de 1617, y que fue el segundo hijo de ocho hermanos. Por lo demás, las declaraciones de los diversos testigos que fueron interrogados tras el asombroso milagro, nos permiten reconstruir el resto de la vida de Miguel. Así, sabemos que a los diecinueve años deja Calanda para irse a casa de su tío a trabajar, en Castellón. Y es allí donde tendrá lugar la desgracia: una mañana, acarreando un carro cargado de trigo, tropieza, cae al suelo, y una de las ruedas pasa por encima de su pierna derecha, fracturándole la tibia.
Con prontitud, es llevado al Hospital Real de Valencia, pero es el deseo de Miguel Pellicer ser ingresado en el Hospital de Gracia de Zaragoza, y tras solo cinco días, inicia el duro viaje de regreso a Aragón, el cual le ocupará dos largos meses. Cuando por fin llega a la capital aragonesa, Miguel visita en primer lugar a la Virgen del Pilar; después, ya en el hospital zaragozano, el cirujano Estanga le amputa la pierna afectada. Es octubre de 1637.
Comienza entonces el calvario de Miguel, que con una pierna de palo y apoyado en una muleta, se gana la vida como buenamente puede, y sobre todo, de las limosnas que recibe en la puerta del Pilar. Pero a pesar de su desgracia y su miseria, no perderá Miguel su profunda devoción. Cada día oía la misa en la Santa Capilla; y cada tarde, untaba su muñón con el aceite de las lámparas de la Virgen del Pilar, intentando así aliviar su dolor…
Finalmente, y tras dos años en Zaragoza, Miguel decide volver a su tierra natal e inicia el viaje a Calanda, donde se reencuentra con sus padres y hermanas.
Pocos días después, sucederá en esa humilde casa el más grande de los milagros jamás relatado en Europa…
Tuvo lugar la noche del 29 de marzo de 1640. Tras una intensa jornada de trabajo, en la que su hermana le ayudó a cargar nueve cargas de estiércol en la era, Miguel Pellicer se fue a la cama temprano. Antes, como siempre acostumbraba, se quitó su pierna de palo. Aquella noche lo hizo en presencia de sus padres, pues un soldado que estaba de paso ocupó su habitación y él hubo de acostarse en una improvisada yacija junto a la cama de sus padres. Enseguida, Miguel se duerme y se sume en un profundo sueño… Sueña que se halla en la Capilla del Pilar, frente a la Virgen… Sueña que se unta su muñón con el aceite de sus lámparas, tal como lo había hecho tantas veces…
Poco después, sus padres entran a la habitación para acostarse, y enseguida les llama la atención una suave fragancia que no era la propia de la casa. Entonces, a la luz del candil, presencian el extraño fenómeno: ¡bajo la manta que cubre a Miguel no asoma una pierna, sino dos! Al momento, lo despiertan y los tres se admiran al comprobar que, efectivamente, el hijo tenía íntegra su pierna amputada, en la cual eran reconocibles las cicatrices que tenía… Con la primavera, y a la par que los campos recuperaban su color, Miguel había recuperado su pierna.
La noticia, como es lógico, corrió de boca en boca y ya esa noche se hizo público en toda la vecindad. Al día siguiente se celebró en la parroquia una misa de acción de gracias, y el 2 de abril llegan a Calanda, desde Mazaleón, el cura y el notario, quien levanta acta de “tan impresionante hecho”… A partir de ese momento, todo se sucede con rapidez.
El día 25 del mismo mes, son Miguel y sus padres quienes viajan a Zaragoza para dar gracias a la Virgen del Pilar, considerada autora del milagro. A su vuelta, el Justicia de Calanda redacta un informe que es enviado el día 30, por el cabildo del Pilar, al conde-duque de Olivares. Pero la noticia se extiende en todas direcciones por sí sola, y en pocas semanas, el milagro es aclamado en toda España. Así, el día 2 de junio daba comienzo el proceso arzobispal, que se prolongó hasta casi un año. Durante el largo juicio, declararon decenas de testigos y personas relacionadas con el caso, hallándose entre ellos familiares y vecinos, religiosos, autoridades locales, y sanitarios. Entre los últimos, llama la atención el testimonio del cirujano Estanga, que fue quien amputó la pierna a Pellicer, y el de su ayudante, el mancebo practicante Joan Lorenzo García, quien se encargó de enterrar el miembro. Todos ellos, sin excepción, dieron fe del misterio.
La sentencia fue dictada por el arzobispo Pedro Alaolaza el 27 de abril de 1641, y celebrada con fiestas y fuegos artificiales. En la misma, que se conserva hoy –junto con el resto del proceso- en el archivo del Pilar, se reconoce el caso como una obra “operada de modo admirable y milagroso”.
Poco después, ese mismo año, el mismísimo rey de España, Felipe IV, se interesa por el hecho y recibe a Miguel Pellicer en la corte. Allí, el monarca se arrodilla y besa la pierna derecha del calandino. Cada vez gana más fama el nuevo y tan comprobado milagro, y empiezan a correr ríos de tinta que lo relatan en diferentes lenguas, llegando incluso a ser de conocimiento del papa Urbano VIII en 1643. Circulan folletos, se editan relaciones, y se componen romances que pronto se hacen populares… Hasta en los gozos a la Virgen del Pilar son introducidos unos versos alusivos al milagro en muchos rincones de Aragón, y que el pueblo, autor de los mismos, rezará con devoción.
Antes de su construcción, no obstante, fue levantado otro templo a la Virgen del Pilar en la propia localidad de Calanda, justo en el lugar donde se encontraba la habitación donde sucediera el milagro. Hoy, además, existe en el municipio la “Casa-museo de Miguel Pellicer”, donde se rememora el milagro más famoso y mejor documentado de la Virgen del Pilar hasta el día de hoy. Tienes el mural en la Basílica del Pilar, para poder verlo. Fuente: Catedral Basílica del Pilar

.
.
.
5.- Pozo de San Lázaro


El pozo de San Lázaro, situado al lado del puente de Piedra, ha sido el escenario principal de una serie de accidentes y de acontecimientos históricos que lo han convertido en un espacio, sobre el que sobrevuelan diversas leyendas.
Una de estas leyendas cuenta que no tiene fondo, porque nadie que se haya sumergido lo ha alcanzado. Los más antiguos conocedores de la historia hablan de que en lo más oscuro de sus profundidades habitan extrañas criaturas desconocidas para los humanos. Algunos se aventuran a decir que está comunicado con el mar y que sus remolinos llevan de forma directa hasta el Mediterráneo.
Antiguas creencias cuentan que un arriero cayó al río Ebro con una caballería de mulas y que desapareció en el fondo del pozo, donde parece que aún permanece. También se habla de unos enamorados, Azucena y Roldán, que desesperados ante la imposibilidad de poder estar juntos debido a la oposición de ambas familias, saltaron al Ebro con sus manos atadas por un cachirulo, ese pañuelo de colores rojos y negros típico aragonés.
Si bien es cierto que hay un gran desconocimiento acerca del pozo y sus características, es curioso averiguar por qué han surgido diferentes leyendas desde sus orígenes. Y es aquí donde hay que echar la vista hacia atrás y retroceder hasta la Edad Media. En esa época, en la zona del Arrabal -la más próxima al pozo- se hallaba el Convento de San Lázaro, en el cual los enfermos terminales eran desterrados y malvivían sus últimos días. Una vez muertos, eran arrojados a la zona anexa al convento donde los cadáveres se sumergían y desaparecían en el agua para siempre.
En el siglo XIII, se decía que un monaguillo que apenas alcanzaba los siete años fue crucificado y asesinado por unos criminales en el mismo Convento, a consecuencia de un ritual religioso. El cuerpo del menor fue arrojado al pozo de San Lázaro, y como el del resto de fieles e infieles, nunca se encontró. De forma más reciente, en 1971, un piragüista moría en el propio río al intentar recuperar su piragua, tras haber volcado en el pozo.
Lo que sabemos con certeza es que es el lugar escogido por muchos para terminar con su vida, quizá atraídos por estas mágicas historias. A raíz de estos hechos comienza la leyenda del pozo, en la que es muy difícil distinguir la ficción y la realidad; qué hay de cierto en estos acontecimientos y qué elementos son invención de la propia localidad. Fuente: Zaragoza Ayer y Hoy
El accidente más trágico de la década de los 70
Pero la historia del pozo que elevó su popularidad hasta límites insospechados fue un accidente de autobús en el año 1971, que acabó con la vida de diez personas. Un 19 de diciembre, un autocar lleno de pasajeros se disponía a cruzar el puente. Eran migrantes, en su mayoría españoles, que trabajaban en Suiza y habían vuelto a España para pasar la Navidad con sus familias. Sin embargo, una tragedia inesperada truncaría el destino de muchos de ellos. Cuando el autocar había recorrido más de la mitad del Puente de Piedra, el chófer perdió el control debido a la velocidad y cayó directo al pozo de San Lázaro, llevándose consigo varios metros de la valla de seguridad. Los pasajeros se colocaron en la parte derecha del autocar, la única que se mantenía a flote, a la espera de ser rescatados.
A pesar de haber caído en la zona menos profunda del pozo, el autobús poco a poco fue sumergiéndose, atraído por las corrientes internas del río. Los ocupantes del vehículo luchaban desesperados por salvar sus vidas, mientras la bolsa de aire que se había formado tras la caída, que les permitía respirar, se iba consumiendo. Unos minutos después, un grupo de voluntarios, junto con el cuerpo de Bomberos y la Policía colaboró de forma intensiva en el rescate de los pasajeros.




Angustia en el rescate
Martín Osanz, testigo del rescate, cuenta cómo se vivieron esas dos horas infernales: “los bomberos rescataban a las víctimas con dos lanchas que tenían disponibles y había tanta corriente que los que estábamos allí tuvimos que echar una mano y tirar de la cuerda para acercar las lanchas”. Fuente: Zaragoza Ayer y Hoy
Los esfuerzos de los zaragozanos y de los equipos de rescate fueron fundamentales en la operación de salvamento. “Aparte de llevar a cabo los rescates, también tenían que lograr estabilizar el autocar y evitar que se sumergiera, ya que el número de fallecidos podría haber sido mayor”, afirma Martín. Había tanta expectación en torno al rescate que incluso los cuerpos de seguridad temían por la estabilidad del propio puente. “Éramos muchas personas en torno al puente y a la ribera del río y aunque la mayoría colaboramos en todo lo que pudimos, la zona estaba abarrotada y había mucho movimiento.”
Estaba ya bien entrada la madrugada cuando se concluyó la operación de rescate. Aparte de las corrientes alternas del río, la niebla que envuelve Zaragoza en los meses de invierno era tan densa que dificultó aún más las maniobras y bajó la temperatura de forma radical. Mientras los heridos eran trasladados al hospital y quedaban en observación, los cuerpos de seguridad decidieron que al día siguiente se sacaría el autobús del pozo.
Sin embargo, el autocar, en su inevitable descenso hacia las profundidades del Ebro, quedó hundido antes de poder salvar a todos los ocupantes. Muchos de ellos, que aceptaban ya su fatal e inminente destino, se vieron sorprendidos por una mano que los agarraba y sacaba a la superficie. Otros no corrieron la misma suerte y lo último que sintieron fue angustia y desesperación hasta que el pozo terminó por tragarles.
Nueve personas no consiguieron ser rescatadas. Los cuerpos de cinco niños se perdieron entre las profundidades junto con el del conductor del vehículo y tres pasajeros más. Tras varios intentos desesperados por recuperar los cadáveres, las intensas corrientes que azotaban el Ebro esa madrugada del 19 de diciembre sólo permitieron a los bomberos sacar el cuerpo del chófer. Las ocho víctimas restantes jamás regresaron a la tierra.Fuente: Zaragoza Ayer y Hoy
A partir del día siguiente al rescate, la leyenda negra se reavivó con más fuerza que nunca. Al tratar de extraer el vehículo mediante una grúa, la sirga con la que se sujetaba cedió y se rompió, llevando el autobús a más de quince metros bajo el agua.
Cuatro años después de la tragedia
El 12 de octubre de 1975, en memoria a los diez fallecidos en el accidente, un grupo de buceadores decidió hacer una inmersión al pozo para depositar una imagen de la Virgen del Pilar en su fondo. La escultura pesaba alrededor de 150 kilos y estaba hecha de plomo y cemento.
Fueron tres miembros del Club Aragonés de Actividades Subacuáticas los que se atrevieron a adentrarse en el misterioso lugar. Uno de ellos, Alberto Marquet, cuenta que ese día había muchísima corriente, y era muy fácil desorientarse, por lo que iban sujetos unos con otros. “Era difícil subir contra corriente con motor y maniobrar con ellas y con el material necesario”.Fuente: Zaragoza Ayer y Hoy
La localidad esperaba impaciente noticias acerca de todo lo ocurrido pero, sobre todo, ansiaban saber qué existía en el fondo tras la inmersión de los tres buceadores. ¿Habría algo de verdad en aquellas leyendas urbanas? Marquet, un poco escéptico con las numerosas historias locales, afirma que una de las razones para su inmersión fue demostrar que el pozo de San Lázaro no era un lugar tan macabro como se cree y desterrar un poco su leyenda.
De hecho, cuenta qué es lo que vio y sintió una vez dentro del pozo: “Nada más descender solo existe oscuridad. A partir de metro y medio no se aprecia ni la luz del día. Y no vale la pena ni llevar lámpara porque no se ve ni a diez centímetros. Una vez que pasas el caudal hay una sensación de tranquilidad. Antes de llegar al fondo, lo único que encontramos fueron grandes bloques de piedra, ramas y troncos de árboles”. Esa oscuridad que envuelve una de las zonas más desconocidas y peligrosas del río fue la encargada de hacer desaparecer los cuerpos de las víctimas ahogadas en el accidente.
Debido al caudal del río, a la afluencia de agua y a las numerosas corrientes que se originaron, bajar a las profundidades del Ebro no fue tarea fácil. El día de la Hispanidad no descendían por primera vez, pues había habido otros intentos. En ocasiones anteriores tuvieron que hacer otras inmersiones. Las operaciones fueron muy lentas y bajaron de noche.
Una vez que los buceadores lograron alcanzar los quince metros de profundidad y analizar de forma exhaustiva el terreno se procedió a colocar la estatua de la Virgen. Tras utilizar unos globos de elevación que ayudaron a sumergir a la Virgen en el agua, se decidió el lugar en el que iba a venerarse la memoria de las víctimas del accidente. “En un principio se pensó en sujetarla a alguna roca. Pero poco después observamos un lugar compuesto por dos bloques de piedra bastante altos, que forman un pasillo en su interior. Ahí es donde colocamos la Virgen.” afirma Marquet.
Y esos bloques, junto con el rastro de arena y ramas, indicaron que el pozo se creó de forma artificial. Manuel Martín, catedrático y profesor de Arqueología, se sintió atraído por el misterio que envolvía este insólito lugar del Ebro y decidió hacer una investigación. “En una expedición del 75 analizamos algunas piedras del pozo, y pudimos comprobar que este se originó para desviar el río en dos partes, y probablemente para hacer del pozo una cantera para extraer arena y piedras para la construcción”.
Cada 19 de octubre, un grupo de buceadores baja hasta la Virgen de plomo y coloca un ramo de flores para que las víctimas no caigan en el olvido.
.
.
.
6.- Arboleda de MACANAZ
La arboleda de Macanaz, en la ribera del Ebro, alberga una gran fosa común con miles de muertos de los Sitios de Zaragoza. El parking en superficie que se construyó hace una década reposa sobre los huesos olvidados de zaragozanos y zaragozanas que perdieron la vida durante los asedios de la Guerra de la Independencia contra los franceses.



Fueron enterrados mas de 10.000 personas, fallecidas durante el segundo sitio. En 1809 durante el segundo sitio, el tifus y los combates contra los franceses acabaron con la vida de cientos de zaragozanos. Los cadaveres se apilaban en las calles sin enterrar y tras la capitulación de la ciudad, el 21 de febrero de 1809 mandaron trasladar los cuerpos en carros y enterrarlos aprovechando el ajuguero de una antigua salitreria en Macanaz. Parece ser que la fosa estaría en el aparcamiento descubierto que hay al lado del parque. La Zaragoza de entonces pasó de tener 55.000 habitantes a 12.000, entre caídos en la guerra, muertos por enfermedades y prisioneros.
El alcalde Gómez Laguna (1954-1966) informó en los años 50 queal proceder a unas obras en los accesos al Puente de Piedra, aparecieron miles de cráneos humanos. No pudiendo o queriendo entonces proceder a su levantamiento, cubrieron de nuevo y colocaron un ¡semáforo! para recordar su situación. Una situación que, con el tiempo de los años y la proliferación de señales de tráfico, dejó de ser precisa… o dejó de interesar!
Fue en 2007, cuando se iba a proceder a la construcción del aparcamiento de Macanaz, que un investigador zaragozano volvió a encontrar el emplazamiento exacto. (Noticia publicada en Heraldo de Aragón el 2 de agosto de 2007).
.
.
.
7.- La calle más corta de Zaragoza y la única calle cubierta
Cerca del Mercado Central y frente a la Escuela de Turismo Universitaria de Zaragoza, está la calle de la Sombra (un callejón). La longitud es de apenas 10 metros, no hay ningún portal, únicamente un ventanal. Esta calle da a la plaza de la Corona, que está el edificio de la Imprenta Blasco, por supuesto es una calle muy tranquila.

.




.
Nada más cruzar el puente de Piedra, en el corazón del antiguo Arrabal, te encontrarás con el callejón de Lucas, que es la única vía cubierta de Zaragoza, que da paso a un patio que muy bonito. El ambiente te devuelve a un pueblo tranquilo. Te encontrarás tres portales, una escuela de música tradicional y poca gente. El entorno es singular. Tienes alrededor del callejón de Lucas, la calle Horno y la plaza de la Mesa.





.
.
.
8.-Pasaje del Ciclón (Junto a la Plaza del Pilar)
.





Es una zona de paso que conecta la calle Alfonso I con la de Santiago y que está próxima a la plaza del Pilar.
También ss una de las tres últimas galerías comerciales de arquitectura modernista que quedan en España, junto a las que hay en Albacete y Valladolid.
Fernando de Yarza, uno de los arquitectos zaragozanos más conocidos de los últimos tiempos, fue el encargado de diseñar tanto el propio pasaje como el edificio de viviendas. Unas obras que se llevaron a cabo entre los años 1882 y 1883, y que fueron orden del Marqués de Ayerbe. El objetivo era claro: que este Pasaje se asemejara a las galerías comerciales que tanto llamaban la atención en toda Europa. Cabe destacar que, a pesar de convertirse durante muchísimo tiempo en uno de los lugares más transitados de la capital de Aragón, llegó a estar en un avanzado estado de abandono.
De ahí que perdiera interés para los turistas y visitantes de la zona. Afortunadamente, el año 2008 fue clave para este rincón. Coincidiendo con la Expo Internacional, este lugar se sometió a un intenso proceso de renovación. No solamente en el ámbito arquitectónico, sino también en el comercial. Su objetivo era claro: continuar con la esencia del lugar pero aportando cierto toque moderno. ¡Y lo lograron!
El Pasaje del Ciclón de Zaragoza, a través de sus características
La construcción, al haberse realizado a finales del siglo XIX, sigue al pie de la letra los cánones arquitectónicos de aquel entonces. En esta edificación se puede percibir esa inspiración francesa, y es algo que se aprecia tanto en la fachada como en el interior de este Pasaje.
En cada detalle que podemos encontrar en esta construcción nos hace ver para quién se erigió: para nobles y burgueses de la Zaragoza de aquel siglo. Llaman poderosamente la atención los techos, ya que cuentan con una decoración verdaderamente sorprendente. También hay que destacar las falsas columnas que presentan una inspiración meramente neoclásica. Este Pasaje cuenta con dos galerías que se cruzan en el mismo centro, por lo que tiene cuatro entradas. La primera de ellas es la de la Plaza del Pilar, la segunda la de la Calle Santiago, la tercera la de la calle Alfonso I y, por último, la de Delegación del Gobierno.
Fuentes: El origen del viento, el cierzo y el germen de la locura | Noticias de Divulgación en Heraldo.es
