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MERCADO CENTRAL, su historia y sus secretos

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Construido por Félix Navarro en Zaragoza, magnífica obra de hierro que sigue en pie y cumpliendo la misma función para la que fue construido. Y esta es su historia:

Se inauguró en 1903, cuando ya hacía 700 años que la plaza del mercado de Zaragoza estaba allí, desde que un rey de Aragón decidiera trasladar el mercado desde la zona de la puerta Cinegia (actual plaza de España) hasta la zona de la puerta de Toledo.

Allí se organizaría desde entonces el mercado de la ciudad, y el barrio de San Pablo iría creciendo a su vera. Era la mejor plaza de Zaragoza, la más grande, hermosa y animada, y aquí tenían lugar todo tipo de acontecimientos, celebraciones… Así seguiría hasta finales del siglo XIX.

Porches alrededor de la plaza, tiendas en los bajos, chiringuitos más parecidos a lo que hoy llamaríamos un rastro, gente paseando, comprando, hablando, discutiendo por los precios… como las vendedoras de “Gigantes y cabezudos” en el primer cuadro de la zarzuela, cuando se arrancan a cantar, en plena plaza, aquel famosísimo coro que dice que “Si las mujeres mandasen / en vez de mandar los hombres / serían balsas de aceite / los pueblos y las naciones“.

La cuestión es que a finales del siglo XIX Zaragoza había crecido mucho, y estaba renovando sus infraestructuras. Hacía falta, por ejemplo, un mercado en condiciones. Ricardo Magdalena había construido ya el magnífico Matadero Municipal y a Félix Navarro se le pidió el proyecto del “Nuevo Mercado”, que así se llamó. Lo primero que había que hacer era un hueco suficientemente grande para el edificio, y la plaza era relativamente estrecha. ¿Os imagináis por qué?.

La plaza del mercado ocupaba el espacio que quedaba entre la muralla romana (que prácticamente no se veía, porque tenía edificios adosados) y el barrio de San Pablo. Como allí no había espacio suficiente para el edificio del Mercado se hizo lo que en aquella época todo el mundo consideró normal: dinamitar un trozo de muralla bastante más grande que el que se conserva. Las murallas, que en un momento determinado son necesarias, en otro momento, cuando la ciudad crece, son un corsé que le impide desarrollarse. Hace 100 años no se tenía la conciencia respecto al patrimonio que tenemos hoy, por lo que no podemos juzgar aquellos hechos con la mentalidad actual. Las murallas se tiraron sin mirar atrás y pensando que lo que se ganaba era mucho más que lo que se perdía.

La obra seguía adelante, y en 1903 se inauguró un edificio propio de una ciudad moderna y sin complejos, que miraba al futuro con optimismo. Félix Navarro construyó un edificio de hierro, a la última moda (14 años antes se había hecho la Torre Eiffel de París, por ejemplo, por la que él tenía una enorme admiración que demostró cuando hizo unos años después la Escuela de Artes, colocando pequeñas Torres Eiffel por toda la fachada). Eso sí, sabía que los valores estéticos del hierro no eran muy apreciados, así que en las fachadas lo enmascaró utilizando materiales tradicionales, como el ladrillo. En los alrededores del Mercado, sobre todo en los porches, continuaron funcionando las tiendas que ya existían y surgieron otras.

En aquellas tiendas se vendía todo lo necesario para que los clientes del Mercado pudieran “aprovechar el viaje“. Los agricultores que venían aquí a vender sus productos a los vendedores podían comprar casi cualquier semilla en Casa Gavín, por ejemplo. En fin, todo un mundo bullicioso, dinámico… que en parte sigue ahí y en parte ha cambiado completamente. Como también ha cambiado el urbanismo de la zona con la apertura de la avenida de Cesaraugusto (lo que se llamó Vía Imperial).

La apertura de la avenida de Cesaraugusto y la construcción del puente de Santiago trajeron un cambio muy importante en esta zona, con un aumento extraordinario del tráfico. Poco a poco en algunos sectores se empezó a pensar que el Mercado Central estorbaba, pues se quería crear una gran avenida que uniese el puente con la puerta del Carmen, sin interrupciones. ¿Solución? Tirar el Mercado.

La primera vez que Zaragoza se movilizó en serio para salvar su patrimonio después de la demolición de la Torre Nueva fue para salvar el Mercado Central, a finales de los 70. Y se consiguió, el Mercado no sólo sigue ahí, sino que fue declarado Monumento Nacional y se restauró para que pudiera cumplir mejor su función. Hoy es una de las joyas del patrimonio zaragozano. Merece ser nuevamente restaurado para deshacer mucho de lo que se hizo (esas marquesinas que impiden la visión del interior, por ejemplo), pero hay que reconocer que el edificio no sólo se ha salvado, sino que sigue siendo un mercado, y eso es lo mejor que le podía ocurrir.
Cuenta con 74 puestos de detallistas: 13 dedicados a la carne, 11 a alimentación variada (frutos secos, dulces…), 7 pollerías y platos precocinados, 12 a pescados y congelados, 13 de frutas, verduras y flores y 3 de menuceles.
En la actualidad, se ubican 4 establecimientos de restauración donde disfrutar del buen ambiente, la mejor gastronomía local y la arquitectura del edificio. Cuatro restaurantes para todo tipo de gustos
En el Rombo Central del mercado los clientes y los turistas pueden disfrutar de cuatro espacios gastronómicos con distintas posibilidades:
Mixtuda: un establecimiento que recorre el recetario universal con ingredientes frescos del mercado en formato ensalada o cocinados bajo inspiración oriental en una gran plancha de acero al puro estilo TeppanYaki. Su especialidad: verduras, carnes o pescados a la plancha, combinados con arroz. Destaca su hamburguesa de sepia.
Matiné: parada obligada entre compra y compra. Una cafetería para tomar un chocolate con churros recién hechos, tomar el vermú o comer. Cuenta con una gran carta de bocadillos y raciones, dulces, patés gourmet y tortillas rellenas de autor.
​Mueso: en este espacio se pueden degustar platos a la brasa: hamburguesas, brochetas, pizzas, chuletón sagital y un sinfín de opciones para los más carnívoros y para los ‘veggies’ ya que también se pueden degustar huevos rotos o patatas.
​Mambo: en este puesto se puede degustar una amplia carta de cócteles premium y bocados selectos para un vermú, una ‘afterwork’ o una copa de tarde o noche.
Bajo el suelo de la lonja se encuentra uno de los secretos del Mercado Central: una cocina totalmente equipada para realizar cualquier tipo de elaboración. En este espacio del sótano es posible ver el comienzo de los grandes pilares de piedra y hierro del edificio y al mismo tiempo disfrutar del producto fresco de los detallistas en distintas actividades gastronómicas para amantes de la cocina.
Cuenta con vinoteca, grandes congeladores y frigoríficos, dos hornos, dos microondas, lavavajillas, freidora de aire y placa de inducción con la extracción incorporada en el centro. Está destinada a asociaciones, empresas y demás entidades que acudan con un chef profesional y organicen demostraciones de cocina en directo y degustaciones. Cuenta con una amplia barra de piedra anexa.

Fuente: gozARTE > Blog > temáticas > el arquitecto del Mercado Central > Un paseo en imágenes por la historia del Mercado Central